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Hoy quiero comentarles sobre el proceso de selección por el que pasaron los ciento cincuenta guiones que llegaron a nuestra convocatoria.

Hace dos años lanzamos un video para calentar las redes y generar intriga, ya saben cómo es: no lo sueltes todo de una y así podrás captar más gente interesada en tu idea. La convocatoria se abrió oficialmente con todos los juguetes a mediados de octubre, duró cerca de un mes y tras ese tiempo llegaron los guiones. Nuestra reacción a la acogida de la convocatoria la contamos aquí.

Tras la recepción tocó reunir al jurado. Los había invitado previamente atendiendo a sus trayectorias y su experiencia en el área, sin olvidar la sensibilidad necesaria para encontrar en los guiones recibidos esas historias que apuntaran al mensaje global que quiere transmitir esta película. Además de estos especialistas, formaron parte del jurado personas que acompañaron la idea desde su nacimiento, esas que te escuchan una noche entre tragos, luego otra y otra, hasta que logras convencerlos para que se unan.

Frank Baiz Quevedo, Elio Palencia y Carlos Tabares se montaron en este carro, trabajando arduamente con el equipo de producción para convertir 150 en 14. Baiz Quevedo tiene una trayectoria como asesor de guion que se remonta treinta años atrás, entre sus trabajos se encuentran Una mirada al mar, Brecha en el silencio y La casa del fin de los tiempos, por decir las más recientes. Elio Palencia es un dramaturgo premiado en múltiples oportunidades y cuenta entre sus variados trabajos con la película Cheila, una casa pa’ maíta. Por su parte, Carlos Tabares trabajó intensamente en la Fundación Villa del Cine, se ha dedicado a dictar talleres de guion durante varios años y tiene entre sus obras las películas Crónica de la memoria y Corpus Christi.

No fue fácil seleccionar solo el diez por ciento de todo lo que llegó, especialmente cuando caen en tus manos cosas tan interesantes, pero no teníamos plata para hacer una película de diez horas. Tocó trabajar de forma ardua para alcanzar el número pensado de historias. Había consenso en torno a la búsqueda de contenidos donde apareciera la venezolanidad dentro de la narrativa, sin caer en chauvinismos ni en los típicos clichés. Cada uno hizo tres lecturas, depuramos entre todos la lista y de ahí quedaron unos sesenta que llevamos a veinte para finalmente llegar a la cifra mágica.

En este caso, el productor está alertando permanentemente sobre la factibilidad o no de determinados guiones, no vaya a pasar que terminemos metidos en una película maravillosamente imposible. Al mismo tiempo, no quería dejar ir a los maestros que habíamos logrado juntar y fueron incorporados como asesores para pulir los trabajos que recibimos, porque finalmente la intención era hacer factibles buenas ideas de jóvenes talentos que pudieran aprovechar la experiencia de Baiz Quevedo, Palencia y Tabares.

Debo admitir que me tocó meter la mano (el papel malvado del productor) para que la totalidad de la película tuviera un sentido, destacando unas cosas y omitiendo otras. En cuanto a esto último, no quería huirle a los problemas que atravesamos, pero si dar cierto enfoque más optimista sin ignorar los nudos problemáticos relatados en los guiones. En este proceso hay que tomar decisiones para mantener el sentido orgánico de la propuesta e ir materializando una idea que se va haciendo cada vez más colectiva. Esos guiones, siendo un primer producto concreto, me ayudaron a reconectar con lo que originalmente había pensado y sentir que eso que me preocupaba, que me movilizaba creativamente, seguía resonando en otras personas.


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